Twin Shadow

Cabezas flotantes sobre Manhattan – Twin Shadow at Summer Stage

Fecha de publicación 19 agosto, 2013 | Reseñas, Texto

Este sábado fui a ver a Twin Shadow en un concierto gratuito que hacía parte de la programación de Summer Stage en el Central Park de Nueva York.

Twin Shadow es el nombre del proyecto ideado y liderado por George Lewis, Jr., un dominicano criado en Florida y actual residente de Bushwick, Brooklyn, el nuevo barrio hip que está reemplazando a Williamsburg (también en Brooklyn) como epicentro de jóvenes con más ideas y sueños que proyectos en marcha.

Ya había escuchado a la banda y me había aficionado particularmente a su primer álbum, Forget (de 2010). Los había conocido a través de la maravillosa página de YouTube de la disquera 4Ad (la misma de tUnE-yArDs, St. Vincent y The National, entre otros) y su música había llegado en un momento de mi vida en el que encajaban perfectamente como la banda sonora para mis atisbos de esperanza entre la desepseranza.

Las canciones de Forget no hablan directamente de desazón, pero sí cantan el estado de ánimo de un hombre que ya ha pasado por suficientes corazones rotos (y no sólo en temas amorosos) como para tener en claro ahora cómo protegerse, cómo estar a la defensiva. Los sintetizadores –digamos “ochenteros” por falta de mejor palabra– de sus canciones acuden a una nostalgia de cosas que quizás nunca se vivieron, a una infancia imaginada, o más bien al recuerdo de cómo era la vida adulta imaginada desde la infancia: amorosa, llena de posibilidades.

O al menos así fue como yo escuché esas canciones. Por eso para mí tenía sentido la cabeza voladora de Lewis vagando por el espacio, por la pantalla en blanco, o entre tigres salvajes en el video de “At My Heels”:

Como casi todo lo que hacen las bandas neoyorquinas contemporáneas (que muchos tildan de “hipsters”, sea lo que sea que signifique eso), el video parece ser una parodia irónica, en este caso probablemente burlándose de aquellos realizadores audiovisuales que le meten tanto concepto a sus videos que ni ellos se acuerdan de qué querían decir con ellos.

Pero para mí las cabezas flotando entre el cosmos tenían un sentido: son la alienación de un cobarde que no es capaz de enfrentarse al mundo, son el alto pedestal desde el que se mira la vida para no tener que lidiar con ella.

Este actual periplo a Nueva York, sin embargo, es un viaje en el que me propuse hacer justamente lo contrario: enfrentarme a las circunstancias, perderle el miedo a la vida, aprender a defenderme (y a lavar la ropa). Así que aunque apenas voy comenzando a ver cómo llego hasta mis propósitos (vamos lento, pero seguro, y nada se ha desteñido hasta ahora), llegué al Summer Stage en Central Park no esperando ser abrumado por la oscuridad y la tristeza que antes habían subrayado para mí las canciones de Twin Shadow, sino a la expectativa de recibir cualquier cosa que se fuera a venir.

Allí me encontré con varias cabezas flotantes: cientos de “niños” (que llamo así aunque quizás fueran mayores que yo, pero que parecía que, como yo, seguían dependiendo de sus familias para sobrevivir) neoyorquinos que estaban allí para tomar cerveza cara (¡ocho dólares, City Winery, ¡qué te pasa!!) y hablar de sus vocaciones que algún día despegarán (quién sabe cómo) mientras tenían la música de trasfondo.

Toda una audiencia en la que cada parte halaba para su lado, con conversaciones de Marx por aquí y de las más recientes apps por allá, con mujeres discutiendo si dejar o no a sus novios y tipos decidiendo sus próximos destinos vacacionales. Cabezas que estaban rodeadas, pero aun así vagaban en el inmenso infinito de su propio cosmos.

Creo que nunca me había sentido tan poco rodeado en medio de una multitud así. Pero tampoco importaba, ni era una molestia. Cada uno vivía el concierto a su manera, cada uno podía flotar por donde quisiera. Así que, cuando comenzó, mi hermano y yo nos hicimos a un lado, donde podíamos ver a la banda sin estar aplastados y podíamos ir por más cerveza si queríamos. Desde allí veíamos a quizás unos 100 fieles que iban al frente para disfrutar cada una de las canciones, pero también a la mayoría de la gente que estaba ahí para amenizar su charla vespertina con un poco de música.

A Lewis, sin embargo, nada de esto le importó y tocó con una confianza de la que por alguna razón no le había imaginado poseedor al escuchar sus discos. Quizás fue por esto que las canciones que antes me habían sonado tristes, ahora me parecieron alegres. Quizás fue por el buen ánimo que traía Lewis de estar de vuelta entre sus amigos y familiares (su padre, George Lewis, Sr., estaba entre el público), quizás fue porque en Twin Shadow había aceptado su rol de cabeza flotante, de gozarse su papel de cantante así casi nadie le estuviera poniendo atención

O quizás fue porque mi vida ahora se siente más animada y su banda sonora ha seguido el mismo camino. Creo que, como Lewis, nos habíamos dado cuenta que ahí (como en la vida) estábamos flotando entre otras cabezas y que quizás podríamos chocarnos con algunas y quedarnos un rato a charlar.

Lewis decidió cerrar el concierto con “Panama” un cóver de “Van Halen”, pero presentó la canción advirtiendo “odio los ochenta”, lo que me pareció extraño, dado que todas sus canciones podrían muy bien estar dentro de la discografía de Prince.

Pero bueno, cada cabeza verá por dónde flota.

Galería del concierto.

Pablo.

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