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La gran pregunta

Fecha de publicación 3 junio, 2015 | Reseñas, Texto
Por: Clara Giraldo Mejía
@clara_gime
“La piedra: Estás aquí para estar aquí”.
Wolf Erlbruch, La gran pregunta

 

Estoy aquí. Oigo a los vecinos gritar “Goooooooool” a través de las paredes, supongo (y espero) que los alaridos nocturnos se deban a que efectivamente alguien metió un gol durante el partido que ahora mismo (supongo) están transmitiendo por televisión. Estoy aquí, escuchando una y otra vez “Viene y va”, la canción de Fito y los Fitipaldis que me pone feliz y la que mejor canto en la ducha. No estoy en la ducha, estoy aquí, bajo cuatro cobijas y un edredón de plumas, escribiendo “La gran pregunta”, la no-reseña del libro de Erlbruch que se llama exactamente igual, valga la aclaración.

No quería escribir esta no-reseña hasta encontrar una gran pregunta y hoy por fin sucedió en la casa de la mamá de la primera novia de mi mejor amigo, a la que fui a parar porque me encontré con esta amable señora en una tienda muy cerca a mi nuevo hogar y al apartamento de ella. Después de los saludos respectivos y el pago de las compras, ella me preguntó: “¿No estás ocupada, no? (Nótese el extraño uso del adverbio de negación “no”, propio de nosotros los bogotanos) Ven y nos tomamos un tintico en mi casa”.

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Cuando mi nueva vecina me sirvió media taza de ese líquido negro para mí y otro poco para ella, no pude evitar sorprenderme. En mi vocabulario (hasta hoy suponía que en el de los demás también), la expresión “tomémonos un tinto” significa “reunámonos a hablar un rato (es decir, lo que dura un ser humano promedio en ingerir un tinto promedio con sus respectivo acompañamiento) y comemos cualquier cosa mientras tanto”. Esta expresión (sobre todo con el paréntesis) no resulta tan amigable como la del tinto, por eso acudimos a ella (todos lo saben); lo que no todos saben es que yo detesto el sabor del tinto, así que mi corta visita se convirtió en un pequeño suplicio, pues me sentí incapaz de rechazar el bebedizo que la mamá de la ex novia de mi amigo me sirvió para hablar sobre lo que ha pasado en nuestras vidas.

La gran pregunta que cruzó mis pensamientos mientras la cafeína bañaba mi esófago fue ¿por qué nos gusta hacerlo todo tan complicado?, ¿por qué no podemos, como la piedra de La gran pregunta, saber que estamos aquí para estar aquí?, sino que complicamos nuestras vidas para que los meollos que formamos nos causen insomnio.

“De tanto hacerlo sin parar, me acostumbré a respirar”, como dice Fito en la canción que he escuchado durante la hora que he invertido en escribir esto. A este cantante español también le gusta volver todo complicado, reflexionar sobre la tendencia del ser humano a convertir toda acción en rutina; así como Wolf Erlbruch, quien se toma la molestia de escribir este libro para complicar la posición natural de muchas personas y cosas ante una pregunta filosófica clásica: ¿para qué estoy aquí?. Como yo no soy de piedra (ni como la piedra), al parecer estoy aquí para cuestionar la literalidad de las expresiones populares bogotanas, para eso estoy aquí.

 

***  Una no-reseña no es una reseña, sino lo que usted quiera que sea; ya que, como yo, usted va a tergiversar el sentido de mis palabras, que ahora comparto con usted en esta columna.
Si quiere saber qué es una no-reseña, lea una, lea dos… lea todas las que quiera; es muy posible que cada texto le dé pistas o bien, que algún día yo le cuente, aunque no prometo nada.
Puede encontrar otras no-reseñas en https://segopinion.wordpress.com/ y a mí, Clara Giraldo Mejía, en @clara_gime

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