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Rock al Paredón

Fecha de publicación 21 agosto, 2014 | Opinión, Texto

Debo confesar que semanas antes del Rock al Parque me sentí emocionado y lleno de expectativas. En este caso, tenía las bandas que quería ver, y, sobre todo, iba a conocer y a observar parches que durante el año son ajenos a mí.

Por: Felipe Vallejo

No voy centrarme en los detalles, ni en las bandas del festival; no lo voy a despedazar, pero tampoco lo voy a alabar ni a enaltecer diciendo que fue el mejor Rock al Parque de la historia. El lunes, por ejemplo, fue de los días mas aburridos (hace mucho tiempo los lunes dejaron de ser el mejor día de RAP en mi opinión), con excepción de La Etnia, que para mí fue la mejor presentación del festival. Un concierto harcorero y potente, que demostró que el hip hop puede llegar a ser uno de los géneros más ricos y diversos de todos. Aterciopelados, con un show hermoso, dejó en evidencia los diferentes sonidos colombianos que nos identifican como nación: joropos, guitarras champetúas, y hasta cumbias. Los Meridian Brothers, con su sonido U.F.O, y, Juana Molina (ratifiqué mi amor por su música), me comprobaron (al menos a mí), que el rock no son covers de Faith no more mal cantados, ni tampoco los prostituidos pogos, que se utilizan (en muchos casos) para maquillar lo malos y aburridos que son algunos de los grupos que se presentan. Porque les aseguro que, en Rock al Parque, he logrado ver pogos hasta en Fito Paez.

A diferencia de las ediciones de los últimos años, en donde las personas no se apropiaban del todo del Festival, vivir la experiencia del parque lleno, la gente feliz parchando, sin miedos y con mucho respeto, escuchando la música bajo un árbol, elevando cometa en medio de la multitud, saltando y gritando, hace que el Festival renueve sus fuerzas y obtenga sentido.

Pero debo confesar que el festival sigue cayendo en la misma trampa de definir su estética a partir de su nombre. Nombre casado con un género que, hoy en día, está agonizando y que cada vez me causa más nauseas. Pero no voy a pelear contra eso, porque gústenos o no, esta ciudad es rockera vieja guardia, amante del solo de guitarra, y eso no va cambiar. Por lo menos, en un tiempo, el rock seguirá estando más vivo que nunca en esta ciudad. Y la excusa para mantener el estatus quo es simple: Rock al Parque también necesita sobrevivir para continuar construyendo publico, para que la gente lentamente conozca más bandas y nuevas propuestas y, “lo más importante”, para que se reconozca la gestión administrativa de una Bogotá Humana.

Mi humilde consejo, desde el trabajo que he venido realizando como gestor en el sector musical, es no posicionar a RAP como la meta última para una banda (porque muchas veces el proceso termina cuando tocan en RAP). Creo que el fortalecimiento de un proyecto musical empieza desde un trabajo en equipo, un trabajo de fortalecimiento de redes entre bandas, bares, espacios culturales, medios de comunicación y gestores, que ayuden no solamente a evolucionar una escena, sino también impulsar un festival como este a ser un trampolín para que toda una ciudad y un país fortalezca sus diversas escenas musicales.

 

*Siga a Felipe en https://twitter.com/fvc1

 

 

 

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